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Un pabellón para husmear en la tramoya de un primo real

Pabellón de Manse.

Los palacios fastuosos de Versalles, o los mismos castillos del Loira, siempre se me han antojado como grandes parques temáticos. Especialmente cuando se los visita en los días de agosto, cuando los turistas parecen hacer de las residencias algo parecido a un hormiguero. Y es que, cada año el Palacio de Versalles, por ejemplo, recibe una media de tres millones de turistas; los jardines, siete millones. Ahí es nada.

Las residencias reales, las de condes y duques, en un país como Francia orgulloso de su republicanismo, me parece que se han quedado como palabras sin voz para sostener cualquier discurso en defensa del papel de una vieja nobleza que hizo historia. Las grandes casas están, pero nada de lo que fue es. Todas me parecen, como digo, escenarios vacíos.

Y ninguna dependencia me inspira una sensación de vaciedad mayor que la que daba vida a las fuentes y cascadas de la propiedad de un primo del rey Luis XIV, Luis II de Borbón-Condé, los Jardines del Gran Condé en el Palacio de Chantilly.

Me refiero a la tramoya, al tinglado montando en el Pabellón de Manse, en el mismo centro de Chantilly, con sus máquinas hidráulicas de finales del siglo XVII y del XIX a orillas del Canal de La Nonette, que alimentaba y alimenta las aguas del cercano río L’Oise.

La máquina hidráulica principal del Pabellón de Manse, diseñada por el ingeniero Le Nôtre, extraía agua del curso para trasladarla a un depósito superior a cielo abierto a 25 metros de altura que la lanzaba con la fuerza de gravedad hacia las fuentes, estanques, surtidores y cascadas que eran la recreación de la nobleza francesa de primera fila de aquel tiempo.

Se trata de una obra que representó en su momento un desembolso económico fabuloso sólo para recrear la naturaleza en un medio ajardinado, fastuoso, refinado, desmedido. Un juguete enorme y caro.

El Pabellón de Manse, o el Molino de los Príncipes, como también se le conoce, en cualquier caso, tiene hoy una función que sorprendería al propio Gran Condé.

Sirve de escenario para dar a conocer a las generaciones de escolares y de  turistas curiosos los trabajos con  el agua y su aprovechamiento más útil según la tradición de la zona.

Te digo todo esto porque el Pabellón de Manse se merece una visita en cualquier viaje a París. Te recuerdo que Chantilly está situada a 52 kilómetros y al nornoreste de París. Chantilly es una de esas localidades incluidas en cualquier excursión de un solo día a los alrededores de París.

Alojamientos y excursiones en París y en Chantilly que puedes encontrar en la web Viajaparis.com en la sección de Chantilly, pica en el enlace para conocer lo que te ofrece: http://www.viajaraparis.com/?page=chantilly.php

Un pabellón para husmear en la tramoya de un primo real.

Pabellón de Manse.

Pabellón de Manse.

Recursos para el Viaje:

Hoteles: http://www.guias.travel/ver/?city/fr/paris.es.html
Vuelos: http://www.guias.travel/vuelos/
Tours y Actividades para hacer en Paris: http://www.guias.travel/ver-tours/?Paris/d479-ttd
Guía turística de París: http://www.viajaraparis.com

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