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Glasgow

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La isla de Skye es un paraje remoto, más bien remotísimo del norte de Escocia. La isla de poco más de 1.500 kilómetros cuadrados y del grupo de las Hébridas exteriores, está habitada por menos de diez mil personas. Un pequeño mundo aislado que sólo revive en los meses de verano cuando excursionistas y turistas ávidos de soledad se atreven a perderse en latitudes tan altas para caminar por las cientos de veredas que la cruzan o simplemente para vivir el tiempo de una manera de la que queda poca.

¡Qué bien se lo montan los escoceses para promocionar su tierra! Te lo digo con conocimiento de causa.., y efecto. En los años treinta del siglo XX, cuando la Gran Depresión asolaba el país, se sacaron de la manga un monstruo lagunar. Sí, efectivamente, el Monstruo del Lago Ness que de vez en cuando se deja ver cuando los ciclos del turismo de  masas se desinflan. Lo de Nessie viene de lejos.

En un lugar de lo más concurrido de la ciudad de Edimburgo, los ciudadanos de cierta edad a los que les gusta figurar o llamar la atención y no pocos turistas advertidos harán por carraspear para sacar un escupitajo y manchar el suelo. Un gesto cargado de cierta autoridad y nobleza.

¿Nobleza escupir en el suelo? Pues sí, un gesto que allí no se considera falta, que no está penado por las ordenanzas municipales y que se puede decir que pone una nota continuista a una tradición de siglos. Pero no vale escupir en cualquier lado, de lo que se trata es de tirar a dar sobre el Corazón de Midlothian con desdén y flema escocesa.

Roma no se hizo en un día, ya lo dice el dicho, se construyó a lo largo de generaciones y su imperio se apuntaló con infinidad de  leyes y obras, civiles unas, militares otras.

No hay ciudad europea, africana o asiática que no saque pecho cuando el descubrimiento de muros romanos enterrados puede convertirse en reclamo turístico. Otras ciudades se contentan con un patrimonio muchísimo menor, pero también hacen orgullo de monedas y ánforas naufragadas dos mil años atrás. Roma sigue teniendo mucho tirón popular.

Uno de esos lugares periféricos donde Roma dejó huella lo justo fue Escocia. Tierra de frontera, la Muralla de Adriano fue el limes británico con el que Roma quiso dejar en su rincón a las tribus de los belicosos pictos del norte allá por los primeros años de nuestra era.

¿Nunca te has planteado hacer una cima nacional? Sí, me refiero subir a la montaña más alta de un país y dejar constancia fotográfica de la hazaña. Un reto que en el caso de algunos picos, y bajo unas condiciones nada especiales, puede resultar una cuestión al alcance de los menos experimentados. Lo que te sugiero es hacer algo de senderismo, no mucho, ascender, hacer cima, y luego regresar con el corazón henchido por la gesta personal.

La cima más alta de Holanda tiene apenas 300 metros de altura sobre el nivel del mar, pero hay poco mérito en su escalada. Sin embargo, la cumbre de Gran Bretaña ya es otra cosa.

El Ben Nevis, situado en Escocia, a poca distancia de Glasgow, tiene una cima que está coronada por una altura de 1.344 metros sobre el nivel del mar. Es el techo de Gran Bretaña. El Ben Nevis, y esa es una de sus gracias, mantiene algunas rutas de ascenso asequibles para completarse en verano.

Una de las cosas que más me gusta de la ciudad de Glasgow no tiene nada que ver con su patrimonio cultural, con sus edificios, sino con su ambiente. Entendámonos, me refiero a algo tan común como el tiempo atmosférico. Glasgow es una ciudad del norte de Gran Bretaña y, como es lógico, no es difícil que la encuadremos sin darle muchas vueltas entre las más brumosas y frías con las que podemos compararla. Se nos antoja como otra Edimburgo sombría.

Pues no, Glasgow no es así. Y por éso este comentario en su favor. Tiene un clima local que no se corresponde con su posición geográfica y, para los que la vamos a ver con espaciada frecuencia, se trata de una bendición. Porque Glasgow tiene un clima parecido al de las ciudades del centro de Gran Bretaña. Una visita a Glasgow en primavera y, sobre todo, en verano, es, por ese motivo, singular, toda una experiencia.

Glasgow es uno de los atractivos del norte de las Islas Británicas. Es Gran Bretaña, lo parece, pero, al mismo tiempo, las determinantes particularidades de su cultura, la hacen parecer otro lugar distante.

Glasgow se descubre haciendo días y noches en la ciudad para  verla en todas sus horas, para descubrirla funcionando. Y para una visita con opción a disfrutar de los momentos de Glasgow qué mejor que instalarse en un alojamiento con encanto. Como los que ofrece la base de datos del portal Viajaraglasgow.com. Puedes picar aquí para  conocerlos.