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El Palacio de Valldemosa y sus jardines han descubierto al gran público un rastro verde, recoleto y acicaladamente florecido en el interior de la isla de Mallorca. Pero, para la gran mayoría, todo acaba ahí. Y es una pena, que se sepa poco de otros rincones ajardinados que, desde mi punto de vista, son auténticos paraísos diminutos, como los de las fincas de Alfàbia y Raixa y sus jardines de origen árabe que te recomiendo.

La Cartuja de Valldemosa es un palacio y conjunto religioso encaramado en las alturas serranas del occidente de la isla de Mallorca.

Allí descansaron, vivieron o buscaron refugio amoroso o espiritual –o ambas cosas- muchos artistas famosos y, por supuesto, el primer titular del palacio, el rey Sancho, allá por el siglo XV.

Y es que el palacio fue construido por el rey Jaime II para su hijo Sancho y el conjunto finalmente fue cedido por el rey Martín El Humano en 1399 a los religiosos cartujos para que se asentaran en el lugar. Y ahí sigue.

Mallorca cuenta con más de 300 calas y playas donde disfrutar de un merecido relax.

Muchas son pequeñas calas donde tomar el sol y poder relajarnos, su denominados común, las aguas cristalinas y sus blancas arenas.

Me fascinan las cuevas. Son lugares ajenos a la luz, llenos de sombras equívocas,  a veces de agua y de olores muy particulares, y en las ocasiones ideales, también se dejan ver cubiertas de estalactitas y estalagmitas que les dan un aspecto evocador, como el de bóvedas policromadas y columnas de catedrales antiguas.

Si tengo que recomendarte algunas, las más conocidas de Mallorca, la del Drach, la de Artà, pero si te voy a ser sincero, prefiero la Cueva dels Hams, en mallorquín ‘de los arpones’, cerca de Porto Cristo, en la parte oriental de la isla ¿El motivo? Menos aglomeraciones de público, y unos minúsculos detalles repartidos por el suelo que te invito a descubrir, fósiles de una fauna ya desaparecida.