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Nápoles

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Si alguna vez te has preguntado cómo hacían los grandes patricios romanos de la antigüedad para vivir en auténticos paraísos en la Tierra, tal vez puedas encontrar algunas respuestas en un viejo palacio de aquel tiempo cuyos restos están repartidos en lo alto del Monte Tiberio (334 metros), en la isla italiana de Capri.

‘El Palazzo Donna Anna no es una ruina, sólo está sin terminar, ¿no es ese su verdadero encanto?’ Así se refería uno de los personajes de la película italiana ‘Fuoco su di me’, de Lamberto Lambertini, cuando observaba uno de los palacios más conocidos de Nápoles levantado sobre los rompientes del Mediterráneo en una postura tan acrobática como temeraria. El Palazzo Donna Anna es la residencia oficial de algunos de los fantasmas más antiguos conocidos de Nápoles y lugar preferido de leyendas urbanas.

¿Te suena de algo los Faraglioni de Capri? ¿No? Son parte de las imágenes más evocadoras de la isla de Capri. Hermosos en las puestas de sol, visibles desde los jardines del emperador Augusto, transmiten un romanticismo mediterráneo que seduce a la vista. Pero hay más, los Faraglioni di Capri son una reserva natural llena de valores biológicos para los que su situación geográfica ha sido decisiva.

Prócida es una apacible y tranquila isla del Golfo de Nápoles, a la vista de la ciudad, que nació del fondo del Mediterráneo y con la ayuda de volcanes. Prócida es un destino vacacional y náutico del que los griegos decían que era una pura mentira. Su nombre antiguo se asocia al de ‘pròkeitai’, ‘las mentiras’, dicen que por la facilidad con la que Prócida aparecía y desaparecía sobre el horizonte de la bahía. Prócida puede ser la extensión perfecta de una visita a Nápoles.

La Casa Roja es un edificio histórico peculiar de estilo ecléctico de la localidad de Anacapri, en la isla de Capri. Toma su nombre del rojo pompeyano que da color a sus fachadas y que hace a la vivienda inconfundible. La Casa Roja de Anacapri fue construida entre los años 1876 y 1898 por el coronel JC McCowen para recoger en un solo sitio sus dispares hallazgos arqueológicos.

La iglesia del Gesù Nuovo, también llamada de la Trinità Maggiore, es uno de los templos más curiosos, por no decir extraño, de la ciudad de Nápoles. Y lo es por su llamativa fachada formada por almohadillados de piedra piramidales de cantería negra que le dan un aspecto no muy diferente del que ofrece la piel de un reptil. Mira la fotografía que acompaña esta descripción y saca tus propias conclusiones.

Nápoles es una ciudad que le ofrece al visitante muchos museos y exposiciones permanentes. Espacios museísticos que son el resultado de la importancia histórica de la ciudad y de su entorno y del inmenso legado dejado en sus tierras por otras culturas, civilizaciones y pueblos. Si hay una forma accesible de conocer la historia, el pasado de Nápoles, esa es visitando los museos que se reparten por las cuatro esquinas de la ciudad.

Capri es lugar de veraneo para las mejores vacaciones napolitanas. Capri es una isla que se disfruta de muchas maneras, descubriendo sus aguas y su sol mediterráneo, explorando su corto interior reducido a sus 11 kilómetros cuadrados o haciendo algo por encontrar lo mejor de su pintoresco patrimonio arquitectónico.

El centro histórico de la ciudad de Nápoles fue conformado en tiempos tan remotos como los de la ocupación griega de la época clásica. La ciudad vieja de Nápoles muestra la trama urbana que dejó la colonia griega en sus calles y manzanas. Las vías del casco antiguo siguen hasta la orientación de los ippodamei griegos (las calles). Basta con hacerse con un plano antiguo y otro moderno y superponerlos.

Capri, más allá de las plazas de postal y de las boutiques de ropa de diseño, el viajero que se acerque a esta histórica isla tendrá otras oportunidades menos conocidas de disfrutar realmente del lugar. Entre ellas, las vistas de los abruptos acantilados que caen a pico sobre el Mediterráneo, una sorprendente perspectiva romana a través de las ruinas locales y un inusitado paisaje rural interior.

Nápoles siempre ha sido una ciudad disputada, por su condición marítima, por levantarse en una encrucijada de caminos de tierra y mediterránea. Por esa razón, los napolitanos se protegieron como pudieron. Con empeño, pero, sobre todo, con el concurso de medianas o grandes fortalezas. Cuatro para ser exactos, que han sobrevivido para convertirse en parte del patrimonio de la ciudad de Nápoles.