Miércoles, 24 de Mayo de 2017
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Descubre el descanso de un santo entre cristales

La Iglesia de Saint-Aignan es un conjunto religioso poco conocido de Chartres, no digo que sea parte del patrimonio menor, sino menos visible. Qué duda cabe que esa diferencia se debe a la extraordinaria fama de la catedral que desde el primer cristianismo atrajo a peregrinos de toda Europa por conservar una reliquia, el famoso manto de la Virgen María.

Sin embargo, la Iglesia de Saint-Aignan también tiene una historia que no defraudará a ningún viajero. El templo contiene un cripta que guarda los restos de Saint-Aignan, y curiosamente los de sus hermanas. Una cripta iluminada con la luz de unos vitrales policromados como los del resto del templo que ofrecen una atmósfera sorprendentemente evocadora.

Las vidrieras de la Iglesia de Saint-Aignan no ofrece la sobrecogedora atmósfera iluminada de la catedral, pero tienen algo de esa magia en pequeño. ¿Competencia con la catedral? tal vez.

El obispo que nunca existió

La Iglesia de Saint-Aignan lleva el nombre de uno de los primeros obispos de Chartres. Entre nosotros, en la lista de obispos de Chartres, aparece un Saint-Aignan que no está demostrado en absoluto que fuera obispo y hasta que llegara a existir.

Según estudios recientes, la lista oficial de obispos del siglo XIII se ‘engordó’ y se le quiso dar lustre con un Saint-Aignan que en realidad era el santo Saint-Aignan de Orleans que sí fue real. Tomaron prestado el nombre para darle prestigio a la parroquia ¿Y el cuerpo de la cripta? Pues dedúcelo tú mismo.

Volviendo a la iglesia. Ya existía como templo románico en el siglo V. El templo sufrió varios incendios y finalmente fue reconstruido en estilo románico en el siglo XIII cuando se le añadieron los restos del santo que no fue obispo. En la Edad Media, la iglesia fue la parroquia oficial de los Condes de Blois y Chartres.

Sin embargo, el edificio tal y como lo podemos ver hoy, es posterior, de principios del siglo XIV, aunque destacan mucho las facturas del siglo XVI renacentistas, especialmente las estructuras levantadas en su ala izquierda que tienen una fecha, 1541, y que se atribuyen al trabajo del mismo constructor en una iglesia cercana, la de la Santa Fe de Chartres parcialmente destruida por la Revolución Francesa.

Segundo piso

El segundo piso de la iglesia se completó en el siglo XVII y los arcos ojivales que la sustentan son de esa misma época, no así los frescos preciosistas que se extienden por sus paramentos que son mucho más recientes, de 1866. El rosetón de la portada y la torre son del mismo tiempo.

Pero el gran atractivo de la Iglesia de Saint-Aignan, como digo, son sus vidrieras coloristas. Las más antiguas son las que sobrevivieron al Sitio de Chartres de 1568, durante las Guerras de Religión. Las vibraciones de los bombardeos a Chartres castigaron mucho a las vidrieras que se deshicieron en trozos.

Así, ¿qué ver en especial? No hay que dejar de admirar el juego de luces de las vidrieras de la cripta de Saint-Aignan. Pero también la serie completa a un lado y a otro de las naves de la epístola y del evangelio y las situadas en el deambulatorio en la cabecera de la iglesia, los conjuntos de las ‘Apariciones de Cristo a San Pedro y San Pablo tras la Resurrección, los policromados de ‘Santa María Magdalena’, las ‘Escenas del Sueño de la Virgen (Pierre Courtois, hacia 1490), las vidrieras relacionadas con la Virgen María, que incluyen las figuras de María Jacobe, María Salomé, Ana y Joaquín (hacia 1510), las ‘Escenas de la Vida de los Apóstoles’, con el ‘Quo Vadis’ y ‘La conversión de Pablo’ (Jean Cousin, hacia 1540).

Uno de los vitrales, tal vez el más innovador, sea el de ‘San Miguel matando a los Ángeles rebeldes’, que está inspirado en un grabado de Durero (1547). Este conjunto, que complementa los de la catedral y los de la Iglesia de Saint Pierre de Chartres, representan cuatro siglos de evolución de la técnica de vitrales religiosos que convierten a Chartres en la capital mundial de los vitrales.

Un observador atento verá con claridad los trabajos de reparación, afortunados y desafortunados, que los artesanos del vidrio de diferentes épocas realizaron para mantener intactos los vitrales en la medida de lo posible.

Las vidrieras de esta pequeña iglesia románico-renacentista de Chartres es un pequeño gran regalo para la vista y el espíritu, pero también una confirmación del gran esfuerzo de los habitantes de Chartres para reconstruir los símbolos de su fe. Es una noble historia que se narra en los detalles de la construcción de la Catedral de Chartres, pero que se descubre en las continuadas reconstrucciones de la Iglesia de Saint-Aignan tras sus incendios y los destrozos del tiempo de las Guerras de Religión.

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Interior de la Iglesia de Saint-Aignan de Chartres.

Interior de la Iglesia de Saint-Aignan de Chartres.

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